OPINIÓN

Mujeres salteñas con historia...

Por María Eugenia Carante

LUCINDA QUIROZ

(1834 – 1928)

 

FUNDADORA DEL HOGAR SAN ANTONIO.

En las primeras décadas del siglo XX, la pobreza en Salta había alcanzado límites inquietantes. Los pobres en la ciudad vivían el día a día, sin conciencia de futuro, y era impensable para ellos medidas previsoras.

 

La asistencia a los indigentes estaba en manos de la Sociedad de Beneficencia, que tenía a su cargo hospitales, orfanatos y hogares de ancianos. Pero el crecimiento demográfico y la falta de acción política contra la pobreza, hizo que estas instituciones resultaran insuficientes, por lo que la caridad, virtud teologal que considera  la limosna como un deber de los fieles, instalaba en la sociedad la conciencia y la obligación de preocuparse por los más necesitados.

En este contexto histórico emerge la figura de doña Lucinda Quiroz, propietaria a comienzos del siglo pasado de la "Finca La Lagunilla", hermoso paraje ubicado a escasos kilómetros de la ciudad, donde hoy se levanta un club de campo que lleva, en su homenaje, el nombre de “La Lucinda”.

 

Según datos aportados por el historiador Roberto Vitry, Lucinda Quiroz habría nacido en 1834, hija de Pedro Ignacio Quiroz y de Rosa Zorrilla Torino. A la muerte de éstos, quedó como única heredera de los cuantiosos bienes familiares que le permitieron, gracias a su generosidad y a su espíritu austero, transformarse en una gran benefactora.

 

En 1907, una de estas propiedades, compuesta por tres terrenos en la Avenida Sarmiento 129, según consta en  la Dirección de Inmuebles, fue donada por esta ilustre dama a la Asociación Pan de los Pobres de San Antonio, para beneficio de las mujeres salteñas.

 

La construcción del edificio, a cargo íntegramente de la benefactora, comenzó en 1915, y fue inaugurado oficialmente el 18 de Marzo de 1917 por el entonces obispo de Salta, monseñor Gregorio Romero.

 

Más tarde, la benéfica dama hizo construir un anexo destinado al Asilo de Huérfanas, que quedó inaugurado en 1926.

El inmueble tiene el acceso principal por Av. Sarmiento 129. Su frontis dice: "San Antonio - Lucinda Quiroz" y debajo del balcón central del primer piso, registrado el año MCMXVI. En la pared exterior se encuentra una placa de bronce con la inscripción: "Hogar San Antonio", y en el hall de entrada una placa en mármol informa que el edificio fue donado por la Sra. Quiroz en 1916. En el edificio contiguo, de una sola planta y más viejo, Av. Sarmiento 169, en el frontis existente sobre su pequeña puerta, se lee "Casa de Huérfanas - Lucinda Quiroz".

En esta histórica edificación, que hoy alberga solamente a ancianas necesitadas, se levanta una acogedora capilla donde descansan los restos de la ilustre benefactora, fallecida en la ciudad de Salta, el 8 de Abril de 1928.

 

Un testimonio sobre la caritativa salteña es relatado por la escritora Zulema Usandivaras de Torino, en su libro La casa de los abuelos:

 

La casa de doña Lucinda Quiroz me sobrecogía por su austeridad, casi su pobreza y, sin embargo, les oía comentar a mis padres de los cuantiosos bienes que poseía (...) La conocí ya vieja y achacosa. La acompañaba una negra de motas, con gran ascendiente sobre su patrona.

Por entonces, doña Lucinda había donado casi una manzana de tierra próxima a su vivienda y había costeado la edificación y amoblamiento del asilo San Antonio con la bonita capilla que lo preside, para ancianas indigentes y un albergue anexo para niñas huérfanas (...)

Último vástago de una familia acaudalada, cuatro hermanos, todos solteros, sin descendencia (...) Doña Lucinda quedó al fin sola, recluida entre santos y remembranzas. Si algún lujo se advertía en su casa era solo por la nobleza del material en que estaban confeccionados los muebles que habían quedado junto a los cuadros religiosos de la escuela cuzqueña y algunos objetos de plata, restos de la vajilla cotidiana en su hogar tradicional y conservador.

La razón de la humildad del comportamiento de doña Lucinda era, supongo, “un voto de pobreza”: desprecio por los bienes materiales y reclusión casi monástica.

Doña Lucinda vivió muchos años y alcanzó esa época en que la sociedad salteña comenzó a desprenderse de su austeridad y entró en la era del lujo, la competencia y el consumismo en que estamos hoy. Los valores se habían trastocado y ya no se entendieron ciertas prácticas de las virtudes cristianas. ¿Sería candidez o heroísmo, simpleza o fe?. Fe sin duda, esa fe maravillosa que confiere la certeza de que el sacrificio lleva al goce eterno.

 

Otra anécdota, la ubica a doña Lucinda Quiroz en hechos fundacionales de nuestra provincia. En la casona de estilo colonial donde vivía la familia en la ciudad, ubicada en Caseros esquina 20 de Febrero,  se reunían en amistosas tertulias algunos jóvenes allegados a sus hermanos. En estas reuniones nació, entre ilusiones y anhelos, la idea de fundar un club deportivo. Sueño que se concretó con la creación en 1902 del Club Atlético Salteño, futuro Club Gimnasia y Tiro. Pero ésta es ya otra historia...

 

 

Fuentes:

Corvacho, Miriam – Adet, Raquel:

La historia contada por sus protagonistas en: http://www.portaldesalta.gov.ar/libros/cap9.htm (consultada 6/10/20)

Vitry, Roberto: Mujeres Salteñas, Salta, Hanne, 2000

Usandivaras de Torino: La casa de los abuelos, Salta, Fundación de Canal 11 de Salta, 1994

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