OPINIÓN

"Magoya, mi amor"

Por Alejandro Aira

#MagoyaMyLoveLaPasionEnTiemposDeCovid19.

#AmoresAmorfos.

1. Uno está destinado a encontrase en el momento perfecto.

Magoya fue el nombre con que la agendó Nicolás para conversar con ella en una plataforma virtual.

Así son las cosas en los tiempos digitales: la virtualidad y luego la realidad, puede ser o no. A ellos todo les dijo que no desde el principio: ella en Montevideo, él en la Argentina, se conocen en medio de una peste y sin conocerse cavan los cimientos más fuertes que cualquiera de los dos hubiera imaginado o sentido en sus largas vidas de sin amores o roturas permanentes.

 

Puede ser que lo imposible seduzca y conecte el cable azul con el rojo y no el rojo con el rojo.

 

- ¿Cómo se dice? ¿Rojo o colorado? ¿Vos cómo le decís Magoya?

- Colorado, obvio.

- Colorado no es un color, rojo es el color.

- Cuando te pones colorado no te ponés rojo.

- Ponele que colorado sea una emoción, o el Partido Político que tienen ustedes, pero el semáforo se pone en rojo. El rojo es alerta. Quiero verte por video chat.

- Dale Nico...pero me pongo colorada.

- A ver…

 

Se conectaron y se vieron en movimiento por primera vez. La experiencia fue extraña porque pasaron de fotos fijas a humanizar la conversación, a ver las sonrisas y los gestos cambiar en tiempo real, a sentir latidos de emoción que sin ser reales se ponían en movimiento.

 

- Vos que sos tan irónica para contestar, en serio bajás la vista, y te ponés colorada.

- Y vos sos distinto en vivo, me ponés como ansiosa y me da vergüenza. Soy muy tímida en persona, debe ser el momento previo a conocerte en persona, aunque puede faltar una eternidad para eso...imaginate que las fronteras no se abren más, la Peste nos mantiene charlando y viéndonos, sin tocarnos las manos sin besarnos los cuellos...

- No sé, apostemos a que sí, a que somos un experimento científico secreto, que el amor puede ser unidimensional, multimedia y que la distancia de miles de kilómetros en lugar de anularlo lo potencia.

- Es la primera vez que siento algo real y es todo lo contrario...al menos para mí. No sé, a veces creo que no encontramos al amor, que estamos destinados, que la voluntad no juega, se constituye a través del sistema de creencias, de la fe, eso, es cuestión de creer en lo que se nos asignó.

-Por eso... tenemos meses, ¿Años? No sé. Cuánto será el aislamiento y el horror a un catarro que mata menos de lo que promete, pero puso al mundo de rodillas. Pero tenemos tiempo, lo que nunca hay. De repente las relaciones simples, ponele: te conocés, cena, charla, avanza, otro encuentro, sexo, bueno, mediocre, malo, fuegos artificiales.

- Me gustan fuegos artificiales. Mng. Mnnnmmm.

 

Ella hacía una variedad de sonidos con su garganta, con su lengua, que eran un verdadero idioma de sensaciones. Al principio, en los llamados telefónicos, Nico no entendía, esos ronroneos casi gatunos, esos gemidos que salían desde el pecho y quedaban entre los labios.

La maravilla y el misterio del encuentro se basa en la posibilidad de comunicarse con los recursos disponibles. En un relato de Dumas, pudo haber sido El Conde de Montecristo, en el silencio de su celda, estableció un sistema de código morse con otro prisionero al que nunca había visto, con el que no compartía un acuerdo previo de cómo serían o qué significarían la cantidad de golpes o rayas en la pared. Los dividía una pared de un espesos muy considerable, pero pocos metros eran miles de kilómetros.

¿Llegaron a comprenderse plenamente? ¿Se hicieron amigos? ¿Se comprendieron?

Lo único real fue el día que los golpes de un lado se silenciaron, había muerto, lo habían liberado,

Lo real, siempre se impone, en algún momento.

 

- Magoya me gusta esa historia como triunfo no como desaparecer... ¿qué decís?

- No me gusta leer... ¿Me vas a leer alguna vez antes de dormir...o a la tarde debajo de un árbol? Porque me fascina que me cuentes historias, tuyas o de otros escritores.

- No te gusta leer y nos leemos cuando no nos hablamos, es curioso, te encanta escribir mensajes, leer los míos, pero es como que te expone demasiado, te abre el alma.

- Nico, es la primera vez que hablo, leo, ni sé cómo decirte, tanto con alguien. Viste la gente, los tipos empiezan por pedirte amistad en Facebook, después te hablan en Messenger y hay una verdadera variedad. A veces ocurre que hablás cada mil días, a veces, de repente, largan grandes párrafos grandilocuentes para impresionar.

- Jajajaja. Haceme la tipología de los tipos levantados por Messenger, me gusta saber cómo somos de imbéciles.

- Mmmgm. Bueno está el que empieza: ¡Hola!, vos le respondés Hola! el responde Hola! es un Mister Hola. Después está el que empieza una charla, se interrumpe porque estás laburando, o cocinando o fuiste al baño, Y empieza HOLA, HOLA, HOLA, es el hola a repetición angustiado, como una especie de pescador frustrado, que piensa que mordió la presa y de repente recoge la tanza y la siente liviana. Es casi general que te pidan pasar al siguiente nivel que es whatsapp, porque es más ágil, porque es una interfaz más amable o por lo que sea. Los que te cuentan la historia de su vida en largos solos de tipeo, que están con la mujer pero que no pasa nada, que no se separa por las botijas, complican lo simple.

- Los hombres no las entendemos a las mujeres Magoya...creemos que son básicas como nosotros, que uno puede tener sexo, o masturbarse con una conversación, o contando historias gloriosas de conquistas. Los hombres siempre compiten con quién la tiene más larga y hay tipos que creen que mandar así de una la foto de su pene los pone en ventaja. Pero una mujer promedio, educada y no vulgarizada rechaza ese acto violento, no consensuado, porque que te encajen un pene de golpe, no es como los golpes en el muro de la prisión, que no se entendía bien. Acá es una forma de abuso, de insulto, con forma de pene y pelotas.

- Jajajaja. Sí. Uno me contaba la cantidad de mujeres casadas que se cogía con un orgullo y hablaba despectivamente de lo estúpidos que eran los maridos. Yo llegué a pensar que la conquista era una guerra de egos machos y la mujer era un camino en esta cosa de espadachines fálicos.

- ¿Yo? ¿Qué te dije? Para que iniciáramos una conversación que no se terminó nunca...

- Vos me dijiste “¡Hola!” una vez, yo te dije: “Hola lengua filosa”.

Había leído muchos comentarios tuyos, me divertía la frontalidad, el ingenio, la falta de filtros...a veces aburre lo elemental, lo tan básico, ojo, a veces me divierte...pero vos para mí eras un misterio...

- Y de ahí al WhatsApp, porque es más ágil...

- No, me dijiste: “te quiero mandar algo que estoy escribiendo y por acá no puedo”.

- Yo te dije: “no leo”. Me dijiste “ok”. Al rato de no conversar me dijiste “¡Hola!” No te interesa…ya veo. Y casi te volvés una ametralladora de “Holas”, cuando te dije, estoy trabajando te paso mi WhatsApp y lo veo.

- Te dije. “Ok. Te agendo”.

- Jajajaja. Yo te dije “aparezco como Magoya en mi foto de perfil, dice Magoya. Mhjnn, como reclamale a Magoya, que te entienda Magoya”. Cosas así.

-Y yo te bauticé Magoya, y todavía estás agendada: Magoya llamando, Magoya está escribiendo...Y te gustó mi texto.

Yo empecé a enamorarme de tus ruiditos, de tus fotos sensuales, de tu soledad y de la mía haciendo ruiditos, riéndonos hasta que nos dolían los cachetes como me dijiste.

¿Pero nos enamoramos al mismo tiempo y con la misma intensidad?

- Preguntale a Magoya, que te piensa cuando abre los ojos, que te busca a miles de kilómetros, que te quiere escuchar, ver, hablar y nada tiene sentido lógico racional estructural, de mí, encerrada en un cubo, pequeño donde no entraba el sol y vos lo llenaste de luz. Vos iluminaste el corazón encerrado, sin amor, sin pasión, con deseo carnal quizás, pero lejos de esta conexión... toctoc…¿Te fuiste?

 

Me pregunto muchas veces por qué enamorarme por primera vez de una mujer que no sé cuándo conoceré y pienso en una experiencia dolorosa. Por eso esta historia se inspira en la parte conceptual, pero fantasiosa de Sputnik Mi Amor: una novela estupenda de Haruki Murakami que habla del amor y del encuentro y el desencuentro, de cómo orbitamos o salimos del influjo de atracción, como los satélites o las naves espaciales. El Sputnik 1 fue el primero de varios satélites lanzados por la Unión Soviética en su programa Sputnik, la mayoría de ellos con éxito. Le siguió el Sputnik 2, como el segundo satélite en órbita y también el primero en llevar a un animal a bordo: una perra llamada Laika. Así es como se entrelazan estas dos historias que no tiene nada que ver, pero se parecen tanto. Orbitar la Tierra de manera vacía, o colocarle un ser viviente, con latidos, con respiración con alma. La perra Laika fue la primera astronauta y no podía comunicarse con sonidos rudimentarios de piedras, no sabía escribir, pero su magnetismo era que la presencia viva estaba allí...Así como Magoya invadió mi vida y yo la de ella, así sin demasiado futuro, como explorando un amor que se construía escapando de nuestras manos. En pleno uso de nuestros sentimientos, pero despojados como nunca de todas las capas de la cebolla, de todas nuestras pieles artificiales de la realidad. Puta realidad.

 

2. #NoSiempreLosOjosSeAbren

“Este amor me conducirá a algún sitio. No puedo impedir que esta fuerte corriente me arrastre. Ya no tengo elección. Tal vez me lleve a un mundo especial que nunca he conocido. A un lugar lleno de peligros, quizás. Donde se esconda algo que me infrinja una herida profunda y mortal. Tal vez pierda lo que poseo. Pero ya no puedo volver atrás. Sólo puedo abandonarme a la corriente que discurre ante mis ojos. Aunque me consuma entre las llamas, aunque desaparezca para siempre.”

Sputnik mi amor.

 

Desde el momento en que se entra en el túnel profundo de la pasión, ese hueco cavado en un sitio del que no se puede regresar sin heridas, sin arañazos y mucho menos sin haber conocido la verdad que nos rige. La única comprobación de la existencia es la desaparición de algo.

Nicolás golpeaba con un lápiz el escritorio donde estaba su computadora, miraba fijo la pantalla y esperaba el momento de la aparición de Magoya. Un ritual que ya era casi tan preciso como toda la humanidad que habitaba el mundo encerrado por la pandemia. Saber que una amenaza letal prometía muerte y asfixia, mientras se descubría el amor por primera vez, era a todas luces una infracción al sentido común. A la lógica.

Aunque la lógica no servía en este caso, todo estaba patas para arriba, la distancia, Nicolás en Mendoza, Argentina y Magoya en Montevideo, Uruguay.

Por momentos Nicolás deseaba que sonara su teléfono o alguna de las alarmas de las plataformas virtuales para ver o sentir a Magoya. Miraba por la ventana de su escritorio y veía el cielo estrellado- el mismo cielo- pensaba, y debajo de ese cielo, alzándose imponentes las montañas de la cordillera de los andes.

¿Qué vería Magoya desde el lugar desde donde se comunicaba? Quizás un río, quizás sólo una calle con fachadas de casas, o árboles. Nada de eso le constaba al hombre que tenía una sola certeza: el mismo cielo.

Después de unos minutos recordó alguna conversación de las últimas que habían tenido. El tono y la intensidad de las palabras se aceleraban o se suavizaban.

 

- ¿Y vos cómo crees que será el momento de encontrarnos Nico?

- No lo sé, pero hay veces que nos estamos viendo por la cámara, veo tu rostro, tus sonrisas, escucho atentamente tus silencios y algunos de tus ruidos, y todo se transforma en una esfera de emociones sexuales…

- ¿Cómo sexuales? ¿Podés excitarte sin que nos hayamos siquiera tocado un segundo las manos?

- Puedo. Y sé que también te sucede, que mientras cambiamos palabras o elevamos la temperatura de nuestras conversaciones…ocurre el fenómeno de la comunicación no verbal. Pasa algo muy claro y concreto, claro, siempre dentro del vacío del rozarse o sentirse…

- Vos crees en la teoría de Freud, sobre las comunicaciones inconscientes…él decía que igual que el receptor telefónico transforma en ondas sonoras las oscilaciones eléctricas de las líneas telefónicas que fueron creadas por ondas de sonido, el inconsciente del otro es capaz, desde los derivados del inconsciente que se le comunican, de reconstruir eso que no se dijo…

- No entiendo mucho de psicoanálisis pero puedo ponerlo más simple. Vos me hablás de una manera más Magoya suave o tierna y yo siento el calor entre mis piernas y una erección como si estuviésemos en las previas de hacer el amor, o tener sexo.

- Nico, eso es simple y llanamente deseo, ganas, calentura, aislamiento…a mí me pasa con partes de mi cuerpo que se vuelven más receptivas, como que me abro.

- Contame.

- Soy una mujer que ha vivido muchas experiencias, pero en nuestros diálogos habita la lujuria atemperada…pero muy presente y fuerte. Vigorosa.

- Yo me puse a ver fotos tuyas, de cualquier tipo, de tus viajes por el mundo, de un traje de noche, de una cena, o un día de campo. También miré la producción sensual que hiciste para mí. En cualquiera de las dos visiones que tengo de vos, yo me siento acostado, con vos sentada sobre mí, disfrutando una erección y moviéndote con suavidad o agitada. Gimiendo o haciendo tus nñmmmghs, mmmmfss, esos sonidos que son sólo tuyos, en ese momento, antes de sentir que vamos a tener un orgasmo, son frases completas.

- Mmmmmghh, Nico, ¿de verdad que te podés excitar con mi voz? ¿Podés sentirme mordiendo una sábana con vos detrás de mí, entrando y saliendo con fuerza?

- Sobre todo y mucho más cuando te siento abierta, plena, sin dudas.

- Yo no tengo dudas Nico. Yo lo único que sé es que estoy…al menos yo, explorando un mundo que antes no existía. Nada de esto me pone incómoda ni me hace titubear. Muy por el contrario, muchas noches, antes de dormirme, cierro los ojos y trato de construirte, desnudo entre mis brazos, pero tu cuerpo no está.

- ¿Y entonces?- él sintió que el pecho le ardía, que las manos emitían pequeños destellos eléctricos- ¿Entonces Magoya? Contame más...

- Bueno, ese vacío que tengo de tu cuerpo no me impide abrazarme mis pechos, apretar mis piernas como si se enroscaran en las tuyas, sentir tu rodilla en mi pubis, y ahí comienza todo de nuevo…me masturbo con mi cuerpo, mis manos, pero vos estás ahí…es muy hermoso.

- ¿Qué pasa con los olores, los sabores, las humedades, nuestros sexos unidos? ¿Sentís?

- Lo siento ahora, mmmmghf, desde adentro mío, no sé cómo hacés, pero me imagino la foto que te envié, donde mi mano se mente en mis bragas, es una foto en blanco y negro. Mientras hacía esa foto, vivía el momento de tu penetración, de tu urgencia por manosearme y acariciarme, entrar con fuerza hasta lo más profundo de mí… es una zona muy sensible…y ahora te lo estoy contando. A veces esa mano de la foto, es tu mano.

- Yo te estoy sintiendo en cada uno de esos momentos. Luego girás y yo me arrodillo, pongo mi boca en tu sexo, muy mojado, pequeño y rosado, y meto mi lengua para sentir todo tu interior latiendo…

 

Ella se quedó en silencio. En su forma de silencio. Algunos sonidos de movimientos llegaban a los oídos de Nico, percibía sus ronroneos y gemidos desde el fondo de la garganta, la sentía tragar saliva. Pero no hablaba. Pero no era necesario. Pero era casi imposible que el sexo tuviese esa dimensión. Pero no, pero sí.

Luego de ese espacio, las respiraciones estaban alteradas, hasta la temperatura traspasaba la virtualidad, ella se estaba estirando, seguramente desnuda en su cama, y él, sentado en su escritorio, gozaba de un derrame de un líquido ardiente, que no mojaba, pero sabía que la llenaba a ella.

- Nico, creo que me voy a dormir muy relajada. En paz, con tu boca llena de mí, con mis piernas temblando todavía. Porque te sentí lamerme, succionarme y dejarme así, como una hoja en medio del viento, flotando y vibrando…

 

- ¿Estamos locos? O será que conseguimos vencer la ley de la distancia, la ausencia y el desconocimiento y nos pudimos hacer el amor.

- No sé vos. Pero yo no encuentro locura. Encuentro muchas puertas que antes no se abrían, o que nadie intentó. Y al abrirlas estamos. Somos, la realidad que se deja llevar y fluye sin la necesidad de la solidez y la presencia.

- Creo lo mismo. Mejor dicho: siento lo mismo. Pero, ¿Si se confirma que todo lo que sucede se concretará con un final sin anticipos?

Magoya se removió en la cama, suspiró fuerte y le dijo:

- Somos inevitables, no importa la locura o la imposibilidad, lo vamos a lograr.

- ¿Qué cosa fantasma mío?

- No soy un fantasma. Ni vos para mí, somos la clase de amor que nunca se encuentra y que cuando ocurre, viola todas las leyes, inclusive la del amor con posesión…

- O sea, muriendo sin haber sido concretado…

- Tal vez. Y aunque así fuera…poco importa.

- ¿Cómo que no importa?

- No importa monamour, porque ya somos nuestros.

- ¿Creés?

- Sí.

 

A los pocos minutos sonó el teléfono de Nico, lo trajo de vuelta a la realidad temporal de ese presente, que se modelaba como una masa blanda se estiraba o se convertía en una forma rocosa.

 

- Hola, Nicoooo, hermano, encendé el televisor.

 

Nico buscó el control remoto y de repente la pantalla estaba plagada de imágenes de festejo y celebración. Fiestas en las calles y parques, gente abrazándose.

 

- ¿Qué pasó Roberto?

- Se abrieron las fronteras en Latinoamérica, ya llegó la vacuna. ¡Somos libres amigo! Libres de poder salir, acercarnos, de caminar por la calle sin mascarillas. Libres…todos, en todo el mundo.

 

Nico se apoyó contra una pared, su cuerpo temblaba, gemía , lloraba, reía gritaba.

Sentía un huracán que le movía todos los pensamientos, las ideas y las sensaciones. Un viento caliente y duro, como el Zonda, lo llevaba casi hasta la orilla de aquel río a tantos quilómetros, simple, ahora era todo sencillo. En la contracara de la ilusión y la virtualidad, emergía la realidad.

Ya había pasado La Peste, ya la guerra había terminado, y estaban, bajo el mismo cielo, las mismas estrellas y la misma luna.

 

Él le escribió:

 

- ¡Magoya mi amor! Ahora sí. Ahora todo se nos va a cumplir. Te amo. ¡PODEMOS ESTAR JUNTOS!

 

Ella no contestó, ni siquiera la veía escribir, fija la mirada que comenzaba a empañarse de lágrimas en los ojos de Nico.

Como si fuesen dos puñaladas, aparecieron las tildes del visto de WhatsApp.

 

Mucho tiempo después, cuando las playas se abrieron, cuando la nieve no era mortal, cuando los bares se llenaban de brindis, él tuvo la certeza de que ese amor los había refugiado a los dos de una horrenda guerra.

También bajó la cabeza con pena al corroborar que la realidad se hacía concreta en la falta.

Nunca más supo de ella.

 

FINIS.

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